Reseña | «Don Juan Tenorio» de José Zorrilla

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Don Juan Tenorio es, sin ningún género de dudas, la obra de teatro más importante y de mayor fama no solo de su autor, José Zorrilla, sino también del romanticismo español, fama y fortuna que se siguen extendiendo hasta la actualidad. Desde su estreno el 28 de octubre de 1844 Don Juan Tenorio ha llegado a convertirse en una de las cuatro obras teatrales más representadas en la historia de España —incluso el pintor catalán Salvador Dalí se encargó de diseñar la escenografía y el vestuario de una adaptación en 1949— junto a Fuenteovejuna de Lope de Vega, La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca y La venganza de don Mendo de Pedro Muñoz Seca. Y como es tradición desde finales del siglo XIX, se representa año tras año en la noche de la Víspera de todos los Santos en teatros de toda la geografía española, incluso en algunos cementerios históricos se ha instaurado la moda de representar el Tenorio durante esas fechas.

El mito de Don Juan y el donjuanismo es un arquetipo literario que ha inspirado a multitud de obras y durante mucho tiempo se buscó en figuras como la del noble sevillano Miguel Mañara el origen del seductor y libertino que a la postre será un arrepentido que sería la base para el arquetipo de Don Juan, como también se le ha relacionado con el italiano Jacobo de Grattis, también conocido como el caballero de Gracia, e incluso se le ha identificado con un tal Cristóbal Tenorio que tuvo amores con Antonia Clara, una de las hijas de Lope de Vega. Pero puede ser que el mito de Don Juan venga de antiguo y que no esté inspirado en nadie en concreto sino en un algún prototipo típico de la época de hombre fanfarrón y de vida disoluta, aficionado al juego, mujeriego y que echaba presto la mano a la espada.

«Retrato de José Zorrilla» de Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina

En la literatura universal se pueden encontrar a multitud de obras inspiradas en mayor o menor medida en este personaje como Tan largo me lo fiais y El burlador de Sevilla o El convidado de piedra de Tirso de Molina, Don Juan de Molière, El convidado de piedra de Aleksandr Pushkin, Don Juan de Lord Byron, Don Juan de Mañara de Alexandre Dumas, El estudiante de Salamanca de José de Espronceda, Don Juan y Doña Inés, ambas de Azorín, Don Juan de Gonzalo Torrente Ballester, el Marqués de Bradomín de Las Sonatas de Ramón María del Valle-Inclán, Pero… ¿Hubo alguna vez once mil vírgenes? de Enrique Jardiel Poncela, Ha llegado Don Juan de Jacinto Benavente u óperas como Don Giovanni de Mozart y películas como Don Juan en los infiernos de Gonzalo Suárez.

Y si bien hay infinidad de obras inspiradas en este mito, no es menos cierto que el que más fortuna ha tenido hasta el punto de prácticamente convertirse en la obra que a todos automáticamente se nos viene a la cabeza cuando se habla de este personaje no es otra que el Don Juan Tenorio de José Zorrilla. Este drama comienza durante los carnavales en una hostería del Laurel, propiedad del italiano Cristófano Buttarelli, en la la ciudad de Sevilla donde Don Juan  y su criado Marcos Ciutti se han citado con don Luis Mejía para conocer el resultado de la apuesta que un año antes se habían hecho estos dos caballeros para ver cual de los dos en el plazo de un año se batía en más duelos y seducía a más mujeres. Tras hacer cuentas don Luis apunta que a don Juan le falta una novicia, por lo que hacen otra apuesta, Don Juan seducirá esa misma noche a una novicia y además anuncia a su rival que pretende quitarle a su prometida, doña Ana de Pantoja…

Si bien después de esto viene el celebérrimo gazapo temporal que el propio Zorrilla reconoce, pues es imposible que en aproximadamente tres horas ocurra todo lo que sucede en la primera parte de este drama romántico, y que siempre es comentado cuando se habla del Tenorio, pero que da a esta pieza teatral un aire sobrenatural u onírico que desentona con el final de la obra. También parece haber un problema teológico al final de la obra pero que desde mi punto de vista se debe más al gusto y al espíritu romántico del autor que de una discrepancia con la doctrina de la Iglesia Católica sobre la redención.

Cartel de Don Juan Tenorio Salvador Dalí
«Cartel de Don Juan Tenorio» de Salvador Dalí, 1949

La versificación sencilla que utiliza Zorrilla para su Don Juan Tenorio parece evocar la poesía popular y puede ser por eso que esta obra haya calado tanto en la sociedad española durante tantos años, ya que son estos versos, además de bellos, fáciles de recordar, con constantes repeticiones y con un gusto por el uso de redondillas, quintillas, octavillas, décimas y versos sueltos en rima consonante que llena de sonoridad a este drama romántico. Aunque también plagado de ripios que para algunos restan le originalidad pero para mí enfatizan las emociones y la popularidad que quiere transmitirnos el autor vallisoletano.

Pasan los años y puede que los tiempos que corren, las nuevas sensibilidades y Halloween hayan arrinconado a esta obra pero para mí el Tenorio sigue teniendo la misma fuerza que la primera vez que la leí hace más de veinte años, algunos versos los sigo recordando de memoria y me sigue emocionando su apoteosis final. No estoy seguro de que siga teniendo el mismo impacto que durante el siglo pasado, y el tema del libertino redimido no esté muy en boga, pero me alegra ver que por toda la geografía española se sigue representando esta genial obra como una resistencia romántica —valga la redundancia— ante una nueva forma de vivir la Víspera de Todos los Santos que ha llegado para quedarse y que tampoco tiene por qué ser incompatible con las tradiciones hispánicas, no se puede luchar contra molinos de viento, todo sea dicho. Puede que el arquetipo el Don Juan Tenorio esté de capa caída a nivel popular pero creo que todavía somos legión los que reivindicamos esta cima del teatro romántico español, ya que, y permítaseme la hipérbole, el Tenorio es al drama romántico lo que el Edipo rey de Sófocles a la tragedia griega.

 

Ficha técnica:

Título original: Don Juan Tenorio: drama religioso-fantástico en dos partes.

Autor: José Zorrilla.

Editor: Aniano Peña.

Número de páginas: 224.

Editorial: Cátedra.

Año: 1999.

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