Reseña | «Discurso de la verdad» de Miguel Mañara

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Uno de mis lugares favoritos de la monumental y barroca Sevilla es la Iglesia y Hospital de la Santa Caridad. En su interior se pueden admirar obras de artistas del barroco sevillano como Juan de Valdés Leal, Bartolomé Murillo o Francisco de Zurbarán. Creo que a cualquiera con un mínimo de sensibilidad le acongojará la contemplación de los jeroglíficos de la postrimerías de Valdés Leal, cuya fuerza alegórica resume a la perfección la ideología  de la obra de Miguel Mañara. Al igual que me ocurrió en mi viaje a Toledo, la visita a este edificio religioso me caló hondo y no perdí la ocasión de adquirir la única obra que hay a la venta de su fundador: el Discurso de la verdad.

La Sevilla del siglo XVII, siendo entonces emporio del comercio con las Indias Occidentales,  vivió un florecimientos económico y cultural por todo el oro proveniente de América y se convirtió en una ciudad donde proliferaron gentes de mal vivir como pícaros, hampones y prostitutas que convivían con personajes ilustres, nobles y religiosos. Uno de estos hombres fue Miguel Mañara, caballero de la Orden de Calatrava, quien habiendo ocupado cargos importantes en la ciudad tiene una profunda crisis vital tras la muerte de su esposa y, habiendo tomado la decisión de dedicar su vida a Jesucristo pero sin la total convicción de tomar los hábitos, decide ingresar en la Hermandad de la Santa Caridad como diputado de entierros y limosnas, siendo elegido un año después hermano mayor de la hermandad, cargo que ostentó hasta su muerte, y, además, fundó el Hospital de la Santa Caridad, un hospicio para los menesterosos de la ciudad de Sevilla. Sin embargo, a partir del siglo XIX se asoció el nombre de Mañara como sinónimo de seductor, identificándolo con el mito del también sevillano Don Juan, por lo que fue habitual que algunos escritores románticos como Prosper Marimée (Las almas del pulgatorio, 1834), Alexandre Dumas (Don Juan de Mañara o la caída de un ángel, 1836), en la obra de teatro modernista Don Juan de Mañara (1927) de los hermanos Machado o en el poema Retrato de Antonio Machado («Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido»).

«Miguel Mañara lee la regla de la Hermandad de la Caridad» (1681), Juan de Valdés Leal, Sevilla, Hospital de la Caridad.

Discurso de la verdad es un breve tratado espiritual de veintisiete capítulos, síntesis del pensamiento de Mañara y su obra más conocida. Este opúsculo está fuertemente influido por el espíritu de la Contrarreforma que la Iglesia Católica realizó para frenar el avance del Protestantismo, por la filosofía neoestoica, por la vanĭtas y, por supuesto, por la Biblia, a la que cita constantemente. Miguel Mañara en esta obra reflexiona sobre la vida y la muerte, y aconseja al lector a huir de la futilidad de los placeres mundanos y las pasiones y a someterse a los dictados de Dios siguiendo los postulados neoestoicos y protonihilistas tan característicos del barroco español.

Por tanto el opúsculo de Mañara trata el tema de la vanĭtas e intenta agitar las conciencias y promover el ejercicio de la meditación y la penitencia en busca de la redención, como podemos encontrar en otros textos de la época como los Ejercicio espirituales (1522) de San Ignacio de Loyola. Por lo que este texto rezuma angustia, desesperanza, frustración y desasosiego («¿Què se hicieron tantos  Reyes, y príncipes de la tierra, que dominaban el mundo? ¿Dónde està su Magestad? Buscad à Alexandro, llamad à Scipion, y quizà estaràn en alguna tapia sus cenizas, ò barda de alguna huerta. Preguntales, còmo les và, y mudamente responderàn: vanitas vanitatum, et omnia vanitas.»). Tema este el de la vanĭtas importante en el ideario de Mañara como demuestra que para su Iglesia y Hospital de la Santa Caridad de Sevilla vistiera sus muros con los jeroglíficos de la postrimerías (In Ictu Oculi y Finis Gloria Mundi) de Juan de Valdés Leal.

«In Ictu Oculi» (1671), Juan de Valdés Leal, Sevilla, Hospital de la Caridad.

El Discurso de la verdad es una obra apologética católica y ejemplarizante en la que Mañara pretende advertir «Es la primera verdad, que ha de reynar en nuestros corazones: polvo, y ceniza, corrupción, y gusanos, sepulcro, y olvido. Todo se acaba: oy somos, y mañana no parecemos: oy faltamos à los ojos de las gentes, mañana somos borrados de los corazones de los hombres». Según Mañara la salvación solo se alcanza por medio de las obras de misericordia. Pero la obsesión por el tiempo y la fugacidad de la vida, por la existencia entendida como un tránsito hacia la muerte y la tendencia pesimista por el espíritu de la Contrarreforma animan a Mañara a exhortar al lector a no dejar para la vejez la observancia de los santos deberes ya que estos son «sacrificios de muertos, que son los de su vejez, débiles, y miserables».

 

«Finis Gloria Mundi» (1672), Juan de Valdés Leal, Sevilla, Hospital de la Caridad.

Es evidente que existen lecturas del Siglo de Oro español más amenas y menos religiosas que el Discurso de la verdad, como Los sueños de Francisco de Quevedo o El criticón de Baltasar Gracián para sumergirse en el tema de la vanĭtas del barroco español. Pero también es cierto que ésta es una pieza interesante para conocer la doctrina y el pensamiento de un personaje interesantísimo como es Miguel Mañara y su reflexión sobre la vida, la muerte, la mundanidad, lo que dejamos en este mundo y lo que realmente nos llevamos al morir. Personalmente, de las cosas materiales que deje atrás cuando amortajado esté en mi féretro no me preocupa nada, únicamente la futura dispersión y desaparición de mi biblioteca privada, esa que tantos ratos de esparcimiento y alegrías me ha proporcionado, que tanto esfuerzo y dinero me ha costado reunir, y que una vez que yo no esté dejará de crecer y desaparecerá conmigo (vanitas vanitatum, et omnia vanitas); en ese último suspiro que emanaré en mi lecho intentaré recordar las palabras de Mañara y arrepentido diré: «Y yo, que escribo esto (con dolor de mi corazón, y lagrymas en mis ojos lo confieso) más de treinta años dexè el Monte santo de Jesu-Christo, y servì loco, y ciego à Babylonia, y sus vicios, bebì el sucio calix de sus deleytes; è ingrato à mi Señor, servì à su enemiga, no hartándome de beber en los sucios charcos de sus abominaciones: de lo qual me pesa, y pido à aquella Altísima, è Imperial Bondad perdón de mis pecados.»

 

«El sueño del caballero, o Desengaño del Mundo» (1650), Antonio de Pereda, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

Vive el rico en cuidados anegado,
Vive el pobre en miserias sumergido,
El monarca en lisonjas embebido,
Y a tristes penas el pastor atado,

En los triunfos el soldado congojado.
Vive el letrado a lo civil unido,
El sabio en providencias oprimido,
Vive el necio sin uso a lo criado,

El religioso vive con prisiones,
En el trabajo boga oficial fuerte,
Y de todos la muerte es acogida.

¿Y qué es morir? —dejarnos las pasiones.
¡Luego, el vivir es una amarga muerte!
¡Luego el morir es una dulce vida!

Miguel Mañara

 

Ficha técnica:

Título: Discurso de la verdad

Autor: Miguel Mañara

Número de páginas: 80.

Editorial: .

Año: .

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